- Los riesgos de desarrollar dengue dependen de las condiciones socioeconómicas y la ubicación geográfica de las personas, así como de su profesión.
- Entre los riesgos individuales están la edad, el sobrepeso y tener comorbilidades.
- Desde 2020 hasta 2025, el país ha registrado más de 759.000 casos de dengue y 755 muertes confirmadas.
La Organización Mundial de la Salud designa cada año un día para crear conciencia sobre las Enfermedades Tropicales Desatendidas, y dar a conocer el gran impacto que tienen en las poblaciones más pobres del mundo1.
En este grupo está el dengue, una de las enfermedades transmitidas por mosquitos que más afecta a las comunidades vulnerables en Colombia y el mundo. Se estima que cerca de la mitad de la población mundial corre el riesgo de contraerlo y cada año se producen entre 100 y 400 millones de infecciones2.
El dengue no es un fenómeno nuevo ni estacional: es una enfermedad tropical con la que Colombia ha convivido durante décadas y que, de manera persistente, continúa representando un desafío estructural para la salud pública. En los últimos cincuenta años, el número de casos de dengue, tanto en la forma leve como grave y la incidencia de la infección por el DENV, ha incrementado de manera alarmante3.
Y es que el dengue no afecta a todos por igual. Los mayores impactos se observan en zonas con menor infraestructura sanitaria, donde hay deficiencias en el acceso al agua potable y sistemas de alcantarillado, así como a las comunidades con alta densidad poblacional, que facilitan la propagación del mosquito4.
Regiones con índices mayores de pobreza, donde la capacidad de prevención y respuesta es limitada y personas que viven en condiciones de vivienda precarias, favorecen la reproducción del mosquito Aedes aegypti5. En efecto, según el Instituto Nacional de Salud, el año pasado el 54,97 % de los casos positivos para dengue (64.022) se presentó en personas del estrato 1.
Estas brechas sociales convierten al dengue no sólo en un problema de salud pública, sino también un reflejo de desigualdades estructurales que deben cerrarse.
La evidencia muestra que ciertos grupos están más expuestos, como aquellos que viven en zonas endémicas de dengue donde hay recolección irregular de basuras o viviendas sin protección adecuada, así como los viajeros que llegan a estas regiones en periodos de alta circulación viral, profesionales del sector salud, fuerzas militares y policiales, agricultores, obreros de construcción y recolectores de basura6.
Riesgos individuales
La evolución del dengue puede ser más crítica en personas con comorbilidades7 como la diabetes, hipertensión, obesidad, bajo peso infantil, enfermedad renal crónica o inmunosupresión. La edad también es un determinante: niños pequeños, adolescentes y adultos mayores presentan mayor riesgo de deshidratación, complicaciones o evolución grave8. Aquellas personas que se reinfectan de dengue por otro serotipo tienen un riesgo significativo aumentado de desarrollar dengue grave, ante una segunda infección con un serotipo distinto9.
La obesidad también es un factor para tener en cuenta, y ha estado relacionada con estadías más prolongadas en el hospital para pacientes con dengue, debido a que esta condición puede debilitar la respuesta del sistema inmune frente al dengue10.
El dengue no tiene tratamiento antiviral específico; por ello, la prevención sigue siendo el eje central de control. Además de las estrategias convencionales como el uso de repelentes, mosquiteros, ropa cubierta en horarios de mayor actividad del vector y eliminación semanal de criaderos de mosquitos, existe la opción de la vacunación.
La lucha contra el dengue requiere una mirada científica y colaborativa, basada en evidencia y datos. El conocimiento científico y la innovación son pilares para reducir su impacto.